Cómo afilar la cadena de la motosierra

El tronco es el mismo de siempre. La motosierra, también. Pero hoy la apoyas y no entra: hay que empujar, el motor suena forzado y por debajo sale un polvillo fino en vez de virutas. Aprietas un poco más, la hoja se va de lado y el corte sale torcido.

Casi todo el mundo piensa lo mismo en ese momento: que la máquina se está quedando sin fuerza. Y casi nunca es eso. Es la cadena, que ha perdido el filo, y el motor está haciendo el trabajo que deberían hacer los dientes.

Afilarla bien lleva quince minutos y se nota desde el primer corte. Lo difícil no es la técnica: es saber cuándo toca, con qué ángulo y en qué momento la cadena ya no da más de sí.

Cómo saber que está roma

No hace falta mirar los dientes con lupa. La madera lo dice:

  • Sale serrín en polvo en lugar de virutas alargadas. Es la señal más clara de todas.
  • Hay que empujar. Una cadena afilada entra sola con el peso de la máquina; tú solo la guías.
  • El corte se va de lado. Suele significar que un lado está más gastado que el otro.
  • Huele a quemado y la barra se calienta más de lo normal.

Una regla de campo que funciona: si llevas media hora cortando leña seca y dura, ya toca repasarla. En madera limpia aguanta más; si has tocado tierra o una piedra, la cadena se estropea en un solo roce.

Qué necesitas para afilarla

Con lima redonda es como se ha hecho toda la vida y sigue siendo lo más fino. Hacen falta tres cosas: la lima del diámetro correcto, una guía que mantenga el ángulo y una lima plana para los limitadores de profundidad.

El diámetro no se elige al gusto: va con el paso de la cadena, que viene grabado en la propia barra o en el eslabón de unión. Los tres habituales:

  • Paso 3/8 bajo perfil: lima de 4,0 mm.
  • Paso 0,325: lima de 4,8 mm.
  • Paso 3/8 normal: lima de 5,2 mm.

Con una lima más fina de la cuenta te comes la base del diente; con una más gruesa, el filo queda redondeado y no corta. Es el error más común de quien empieza.

El ángulo, que es lo que importa

La mayoría de cadenas de uso doméstico se afilan a 30 grados respecto a la barra. Las de corte transversal de leña dura a veces piden 25. Ese dato viene en la caja de la cadena, y si la has perdido, 30 es la apuesta segura.

La lima se mueve solo hacia delante, empujando desde dentro del diente hacia fuera. Al volver, se levanta. Si limas en los dos sentidos, el filo se deshace en vez de formarse.

Y lo que más gente olvida: el mismo número de pasadas en todos los dientes. Tres o cuatro suelen bastar. Si a uno le das seis y a otro dos, la cadena corta torcida por mucho filo que tenga.

Se afilan primero todos los dientes de un lado, se gira la máquina y se hacen los del otro. Así no hay que cambiar de postura a mitad y el ángulo se mantiene.

Los limitadores: la pieza que nadie mira

Delante de cada diente hay una pestaña más baja. Es el limitador de profundidad y decide cuánta madera muerde el diente en cada pasada.

Cada vez que afilas, el diente baja un poco. Después de tres o cuatro afilados, el limitador queda demasiado alto y la cadena deja de morder aunque el filo esté perfecto. Ese es el motivo de que a veces afiles y siga sin cortar.

Se arregla con la lima plana y una galga: se rebaja el limitador hasta que queda unas tres décimas por debajo del diente y se le redondea la punta delantera. Cada tres afilados, un repaso.

Cuándo tirar la cadena

Una cadena no es eterna. Se cambia cuando pasa alguna de estas cosas:

  • El diente ha quedado tan corto que se acerca a la marca de desgaste grabada en él.
  • Falta algún diente o hay eslabones con grietas.
  • Se ha estirado tanto que ya no se puede tensar más.
  • Ha pillado un clavo o una piedra y hay dientes doblados.

Seguir con una cadena así no es tacañería, es riesgo: una cadena que salta de la barra a pleno gas es la avería más peligrosa de esta herramienta.

Lo que alarga la vida de la cadena

Tres costumbres, y las tres son gratis. La primera, no cortar a ras de suelo: la tierra tiene sílice y gasta el filo más rápido que la propia madera. La segunda, tensión correcta: la cadena debe poder levantarse unos milímetros de la barra y volver sola. La tercera, aceite de cadena siempre, y del específico, que se agarra a la barra en vez de salir despedido.

Con esas tres y un repaso cada media hora de trabajo, una cadena buena aguanta temporadas enteras.

¿Cada cuánto hay que afilar la cadena?

Con leña dura, cada media hora de trabajo efectivo. En madera limpia y blanda aguanta más. Si ha tocado tierra o una piedra, hay que repasarla en ese momento, aunque lleve dos minutos cortando.

¿Qué ángulo hay que usar?

Treinta grados respecto a la barra en casi todas las cadenas domésticas; algunas de corte transversal piden veinticinco. El dato viene en la caja de la cadena, y a falta de él, treinta es la apuesta segura.

¿Afilada y sigue sin cortar?

Suele ser el limitador de profundidad, esa pestaña que va delante de cada diente. Al afilar, el diente baja y el limitador se queda alto, así que la cadena deja de morder. Se rebaja con lima plana cada tres afilados.

¿Sale polvo en vez de virutas?

Es la señal clásica de cadena roma. Una cadena con filo saca virutas alargadas; cuando salen como serrín fino, el diente ya está redondeado.

¿Merece la pena un afilador eléctrico?

Si cortas leña para toda la temporada, sí: mantiene el ángulo solo y va más rápido. Para dos o tres podas al año, la lima con guía sale mucho más a cuenta y hace el mismo trabajo.

¿Cuándo se cambia la cadena entera?

Cuando el diente llega a la marca de desgaste, falta alguno, hay eslabones agrietados o ya no se puede tensar. Una cadena así puede saltar de la barra, que es la avería más peligrosa de esta herramienta.